Paraná y el síndrome del ombligo: Cuando el turismo real choca contra la naftalina política

 Hay una frase que se repite como un mantra en las gacetillas oficiales de nuestra ciudad: “Paraná, destino turístico emergente”. Suena lindo, suena moderno, suena a ciudad que progresa. Pero el pasado fin de semana, la realidad le dio un cachetazo de realidad a la gestión en la 5ta edición de la Paraná Comic Con.

Como amante de la cultura oriental y el buen sushi, no podía faltar. Pero al cruzar el umbral de La Vieja Usina, me encontré con dos ciudades distintas: una que vibraba, consumía y crecía; y otra que, por desidia o miopía, decidió brillar por su ausencia.

El evento que "explotó" (pese a quien le pese)

Lo que se vivió en la Usina no fue un "juntada de pibes disfrazados". Fue un fenómeno económico y cultural. Artistas internacionales, las voces originales de Dragon Ball, y una marea de gente que bajaba de micros provenientes de Chaco, Corrientes, Santa Fe y Uruguay. Hoteles llenos, gastronomía trabajando a pleno y un nicho que, para cualquiera con visión de siglo XXI, es una mina de oro de rentabilidad garantizada.

Sin embargo, en medio de ese despliegue, hubo un vacío ensordecedor: la Municipalidad de Paraná no estaba.

El Síndrome del Ombligo

Parece que en nuestra gestión local existe una regla no escrita: si no lo organizamos nosotros, no existe. Es el "síndrome del ombligo". Si el evento es privado o autogestionado, aunque atraiga a miles de turistas con la billetera en la mano dispuestos a gastar en nuestra ciudad, la gestión se esconde abajo del escritorio.

¿Por qué? Porque no está la foto oficial. Porque no hay cinta que cortar. Porque el logo de la gestión no ocupa el 80% del banner principal.

Es una mezquindad política que asusta. En cualquier ciudad que se jacte de ser "turística", el municipio hubiera tenido un stand de informes en la puerta, promoviendo nuestra costanera, recomendando hospedajes o guiando al visitante que no sabe dónde ir a comer una milanesa después del evento. Pero acá, nada. Cero.

Naftalina vs. Vanguardia

Lo que se respira en los despachos de gestión es un fuerte olor a naftalina. Hay una mentalidad de traje gris y años 50 que no logra entender que el turismo hoy pasa por los nichos, por la cultura pop, por el gaming y por eventos que movilizan pasiones masivas.

Facilitar la vida al turista no es poner un cartel de "Bienvenidos" en el acceso norte. Es estar donde la gente está. Es apoyar al emprendedor que se arriesga a traer un evento de nivel internacional a Paraná. Es entender que si al evento le va bien, a la ciudad le va bien.

Un llamado a la siesta eterna

Paraná tiene un potencial increíble, pero nos sigue gobernando el egoísmo de la quintita propia. El mundo sigue girando, la cultura evoluciona y los turistas eligen destinos que los reciban con logística, no solo con promesas en redes sociales.

Es hora de ventilar las oficinas, sacar los tapados al sol y entender que el turismo real sucede en la calle, en los predios y en los eventos, no solo en las reuniones de gabinete. Despierten, nenes, que la siesta se está haciendo demasiado larga y nos estamos perdiendo el futuro.



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