¿Ámsterdam o Paraná? El delirio de las dos ruedas, el cemento fresco y el filete de la salvación

¡Pero escúchame una cosa, nena, nene, vos que estás ahí del otro lado tratando de entender en qué momento el mundo se convirtió en un manicomio con vista al río! ¡Yo ya no sé si reír, llorar o pedir que me internen en un neuropsiquiátrico con servicio a la habitación! No se puede creer, de verdad te lo digo. Estamos todos acá, haciendo malabares con tres naranjas —y de las amargas, porque las dulces no se pueden pagar— para ver si llegamos milagrosamente al 15 del mes. Tenemos el corazón en la boca porque la inflación no es una estadística, ¡es una licuadora que te tritura hasta las ganas de levantarte a la mañana!

¡Apurate, Peluca, que los precios suben por el ascensor y nosotros vamos por la escalera mecánica pero bajando! Acá los números no cierran ni con un milagro de la Virgen, y encima, cuando prendés la tele o agarrás el celular, te vienen con teorías internacionales, geopolítica de alta alcurnia y magnicidios en Pensilvania. ¡Dejate de joder! ¡A mí no me hables de lo que pasa en el Hemisferio Norte cuando el kilo de yerba para el mate de la tarde sale lo mismo que un alquiler en Mónaco! Prioridades, señores, ¡prioridades!

La danza de los millones y el misterio del cemento fresco

Y hablando de tirar manteca al techo —porque total, la manteca la pagamos nosotros—... ¿Vieron lo que está pasando en nuestra querida Costanera? ¡Fijate vos qué maravilla de la ingeniería moderna! Ochenta palos, ochenta millones de morlacos para mover la ciclovía de lugar. ¡Pero si la hicieron ayer! Todavía se sentía el olor a pintura fresca, estaba nueva, brillante, perfecta, un lujo que nos habíamos dado.

Y ahora, de golpe y porrazo: "ay, no, la seguridad", "ay, no, mejor movámosla un poquito para el costado, que ahí queda más estética". ¡Pero qué previsión! ¡Qué visión de futuro! ¡Unos genios del urbanismo que harían llorar de envidia a los constructores de las pirámides! Uno, que es malpensado porque la vida en este país lo hizo así, diría: "Che, ¿no habrá otra cosa detrás de tanto cemento fresco y tanto movimiento de tierra?". Pero no, seguro que es por puro amor al arte y a la línea recta.

Aunque, si te ponés a analizar, ¡todo tiene que ver con todo! Es una medida premonitoria, una genialidad oculta. El intendente debe estar pensando: "Movelos para allá, minalos de bicis, que si sigue subiendo la nafta como sube, en tres meses la ciudad va a parecer Ámsterdam pero con baches". ¡Claro, mi amor! Si con lo que sale llenar el tanque vamos a terminar todos en dos ruedas, pedaleando como locos para ir al laburo. ¡Seguridad vial para un pueblo que ya no puede pagar ni el service del auto, ni el aire de las cubiertas, ni el perro que te ladra en la esquina! Con todo lo que hay para resolver en los barrios, con los pozos que parecen cráteres del lado oscuro de la Luna, nosotros nos damos el lujo de re-hacer lo que ya estaba hecho. ¡Es la cara de la ciudad, dicen! ¡La cara de cemento que tienen, digo yo!

La Milanesa: El último refugio de la cordura nacional

Pero menos mal, ¡gracias al cielo!, que en medio de este caos nos queda el último bastión de la cordura, el único refugio que no nos traiciona: La Milanesa. Vuelve "Paraná Ama la Milanesa" con descuentos, porque el argentino es así, nene. Nos pueden estar rematando el país, no sabemos si mañana el peso va a valer lo que un chicle masticado o un suspiro al viento, pero nos dan un filete empanado con una montaña de fritas y nos olvidamos de todo el drama por media hora.

Es el ansiolítico nacional por excelencia. Vos mordés esa costra dorada, sentís el saborcito del aceite y la carne tierna, y decís con los ojos cerrados: "Que se caiga el mundo, que muevan la ciclovía diez veces si quieren, que la lleven hasta el fondo del río, pero a mí no me saquen el refuerzo de milanga". Es nuestro lugar seguro, el abrazo que el Estado no te da, la justicia social metida adentro de un kilo de pan rallado y huevo.

Así que ya sabés: Si te sentís estafado, si la guita no te alcanza ni para el postre o si te marea ver cómo se patinan la nuestra en mover una línea pintada en el piso... ¡andá y clavate una milanesa! Aprovechá los descuentos ahora, que es lo único que nos queda antes de que nos quieran cobrar el aire que respiramos. ¡Vayan, coman, disfruten y por un segundo no miren el ticket, que la vida es una sola y el hambre de catarsis no espera!

¡Los quiero, carajo! ¡A comer que se acaba el mundo!



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